Siempre se ha dicho que los viejos roqueros nunca mueren, ni la buena música tampoco. De nuevo los sonidos de estos jóvenes de Liverpoo inundan mi casa y mi corazón. Ya faltan dos pero no importa, siguen viviendo en su música y en los jóvenes que como mi hijo los descubre, a través de esta ventana abierta en el espacio y el tiempo. ¡Qué maravilla!
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